Por Karen Aniceto

Lolita es una estrella y es muy bella… pero al lado de todas las demás es como cualquiera. Ubicada en la constelación de Orión, esquina con río Eridanus, entre Canis Maior y Canis Minor, se pelea por brillar más que la constelación del Tauro.

Tiene el domicilio ideal para la ventana de Eduardo, que en sus noches de desvelo se ha ido enamorando. Para él no hay más estrellas, ninguna brilla como ella…

Una noche rompe el silencio y le recita un verso. Lolita se emociona, ya no está sola en el universo.

Sí, Lolita es bella pero también es muy ingenua. Con la promesa de estar juntos Lolita todo lo arriesga. Abandona su lugar este astro de gravedad y se lanza a la tierra, esperando ser algo más grande porque no se siente entera.

Pero es muy frágil, una bolita de materia, puro amor aferrado a una propuesta. Entra a toda velocidad al planeta y de tanta pasión se quema. Queriendo ser algo más grande se volvió algo majestuoso.

Ante los ojos de Eduardo murió Lolita en forma de estrella fugaz, desapareciendo para siempre en la oscuridad.

La grandeza es efímera y la belleza también, tan solo viven para siempre las emociones que despertamos en otro ser.

Si te gustó esta mini historia, te recomendamos seguir en su cuenta de Twitter a @Karen_Aniceto.

Escrito por Oscar Santoyo

Comunicólogo, 26 años, Sports Marketing, Lifestyle, Blogger, amo la Música, las Relaciones Públicas y el Teatro Musical.

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