Hoy tengo el placer de presentar a nuestro segundo colaborador en éste blog, su nombre es Pepe Serna, y además de ser de la familia, es un muy buen amigo que nos comparte el siguiente texto sobre cómo decirle adiós a esa persona que nos ha hecho tanto daño. ¡Disfrútalo!

Las relaciones sentimentales en pareja y la manera adecuada de hacerlas funcionar son toda una ciencia, algunas veces muy difícil de descifrar. Es cierto que a las relaciones no sólo se les nutre de amor sentimental, también se les hace crecer con otras vitaminas importantes, entre ellas la inteligencia y el uso de la razón. Sin embargo, lo que voy a tratar no es la manera de vivirlas sino de despedirse de ellas.

Debido a que cada caso es distinto, aun tratándose de una misma pareja que reintenta una relación, entre ellos cada vivencia por similar que se parezca a alguna anterior, jamás serán iguales. En cualquier caso de pérdida se necesita elaborar un duelo para cerrar el círculo de vivencias junto a la persona amada y de los posibles planes que se tenían por alcanzar. El camino sigue para quien se queda. Además de doloroso, a veces es casi incomprensible el torrente de emociones y pensamientos que vienen acompañando al duelo: negación, ira, arrepentimiento, rencor, frustración, alegría, miedo, culpa, satisfacción, etcétera.

Pasar por esta estación es necesario para continuar con un ánimo y carácter sanos. Cada pérdida significativa es una herida en nosotros, perder una relación no es la excepción. Si una herida no se atiende, puede infectarse y causar un daño severo, tal vez irreversible. Cuánta gente ha declarado no creer en el amor o niega su existencia justificándose en que la experiencia les ha dejado según su percepción más heridas que cariño. Ojo, no existen las heridas hechas con cariño.

En nuestra vulnerabilidad al dolor, se corre el riesgo de quedar atrapado en la nostalgia y el recuerdo. O a renunciar a continuar en un presente en el que ya no está la persona amada. El duelo se puede complicar al quedar estacionados en alguna fase o adaptando un mecanismo de defensa destructivo.

Aun cuando la relación no se llegara a considerar como una experiencia maravillosa en general, si en algo has crecido y madurado en esa relación, cuando llegue el proceso del duelo eso será un gran motor que impulse a pasar de la depresión a la aceptación. En el momento que se piensa la pérdida como una experiencia de crecimiento y no de abandono, se agradece su participación en la propia vida y hay una certeza de habernos liberado de cierto peso que generaba su pérdida más evidente.

La pérdida más evidente depende de la manera de sentir la ausencia; si es por ruptura de una relación o de una manera de convivir, duele la conciencia de saber que siguen vivos pero que están alejados espiritualmente.

En este último caso habría que reconsiderar si hacerle un duelo a la relación o hacerle la lucha. Es decir, si el buen funcionamiento de esa relación es caso perdido y conviene empezar a elaborarle un duelo o simplemente es un momento de crisis y se debe de luchar para reavivar la relación y el amor mutuos. ¡Ojo! a veces sólo hace falta darse un tiempo, seguir creciendo de manera personal y demostrar madurez. Para que en un posible futuro intento de rehacer la relación contemos con una mejor versión de uno mismo conociendo una mejor versión del otro. En caso que sea inconveniente o dañino rehacer la relación y quedaron malos entendidos por aclarar o perdonar, al menos se podría considerar hacer las paces. Ésta es una forma madura para dar comienzo al proceso del dolor y experimentar la finalización de una relación sentimental.

Curamos las heridas permitiéndonos sentir el dolor, recordando las cosas más significativas: tanto agradables como desagradables. Lo importante es aprender a dejar ir permitiéndonos un estado de coraje, duda y tristeza. Así podemos hallar consuelo. Otra fuente de gran consuelo que se da ya avanzado el proceso del duelo ante la pérdida de una relación sentimental, es alegrarse por haber ayudado a que creciera como persona a ese ser querido que ya no está presente de la misma forma que antes. También se encuentra consuelo al darse cuenta que esa persona tan amada nos ha apoyado de alguna manera a ser mejores y más fuertes de lo que éramos antes de su llegada a nuestra vida. Ese es el momento en que tomamos conciencia, nos damos cuenta que nuestro proceso de duelo es liberador y estamos creciendo al vivirlo porque con nuestra mente y corazón le respondemos con un GRACIAS al ser amado.

Resolviendo en paz los asuntos referentes a la despedida, el camino del duelo se aligera. Incluso se pueden llegar a despedir antes de evidenciar que la relación ya no da para más o se ha perdido un total interés en hacer crecer al otro y crecer uno mismo al lado del ser que alguna vez se amó. Pero esto depende de cada pareja y de sus reglas. Y como bien dice una canción de Gustavo Cerati: poder decir adiós es crecer.

Es momento de que dejes tus comentarios aquí abajo y nos platiques qué te pareció el texto. Nos leemos pronto.

Escrito por Oscar Santoyo

Comunicólogo, 26 años, Sports Marketing, Lifestyle, Blogger, amo la Música, las Relaciones Públicas y el Teatro Musical.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s