¡Qué onda!

Hoy al fin te tocó a ti la esperada carta, que hoy tiene más que destinatario, ésta sí lleva nombre y apellido.

Fíjate que hace unos días me puse a pensar sobre cómo es que hacemos para andar en la vida, y no me refiero a andar con los pies sino de la mano y es que me ha encantado la forma en la que nuestras manos se han entrelazado en un sin fin de momentos, desde el movimiento de las manos en el aire festejando nuestros logros en conciertos, bares y fiestas, hasta aquellos donde me ayudaste sosteniéndome con todas tus fuerzas mientras yo caía sin rumbo fijo.

Nos hemos divertido horrores, ¿te acuerdas cuando fuimos aquella primera vez juntos a un partido de fútbol y bajamos a la cancha o cuando nos reímos lo suficiente en aquél restaurante de comida rápida de la famosa M y se te salió el refresco por la nariz y de la pena me tuve que cambiar de mesa? Qué buena vida he tenido a tu lado.

Sabes, me encanta verte sonreír, porque de eso se trata la vida. De enamorarse de la sonrisa del otro.

Tenemos una apuesta pendiente y no creas que he olvidado subirme a ese peligroso juego de la feria contigo, no pudimos éste año, pero con gusto el que viene lo hacemos. Gracias por enseñarme que las penas no se quitan con tequila, pero al menos sí se olvidan por un rato.  Gracias por atreverte a cantar sin parar conmigo todas esas mañanas cuando íbamos juntos a la escuela, sin miedo a que los coches que iban a nuestro lado nos vieran cantar.

Tanta cosa linda que hemos pasado juntos, pero otras tantas amargas, enfermedades físicas y también espirituales. ¿Qué decir de las decepciones amorosas? Si pudiera enumerar las tuyas y las mias, seguramente igualaríamos el número de estrellas que tenemos en la Vía Láctea, sin embargo siempre estuvimos el uno para el otro.

Amores podrán llegar de a montón, pero amigos como tú y yo los cuento con los dedos de una sola mano.

Siempre me enfadé cuando me decías que me merecía a alguien mejor para que cuidara de mi, y ahora que yo te lo digo a ti, entiendo esas molestias que me causaba escucharlo de tu parte, al final de cuentas quien sigue a mi lado eres tú. Somos incondicionales.

Y es que puede pasar una semana, un mes e inclusive un año sin que te vea, pero las ganas de abrazarnos y reír hasta que nos duelan los músculos de la cara y de la barriga, esa que se ha llenado no sólo de tragos de amargo licor, sino de toda la pizza, tacos y cafés que nos hemos comido una y otra vez.

Ojalá que la vida nos deje estar mucho más tiempo juntos para cumplir todos esos sueños de viajar juntos por el mundo, compartir hasta nuestras bodas y por qué no hasta la escuela de nuestros hijos.

Gracias por ser mi amigo, pero sobretodo gracias por formar parte de mi familia.

¡Te amo!

Atentamente: Tu amigo guapo 💙

Escrito por Oscar Santoyo

Comunicólogo, 26 años, Sports Marketing, Lifestyle, Blogger, amo la Música, las Relaciones Públicas y el Teatro Musical.

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