Carta abierta a tu recuerdo

Por Karen Aniceto.

Recordar: del latín recordari, re- “volver” y de cor-cordis, “corazón”. Volver al corazón, pues ahí está la memoria.

Para mí no ha pasado nada, todo sigue igual. Estoy aquí, a la espera de tu llamada, como era el plan. ¿Ya volviste? ¿Cómo te fue? ¿Pasaste frío? ¡Cuéntamelo todo porque hace mucho que no hablamos!

¿Te digo las novedades? Estoy muy rota. Me he quebrado toda, lo peor es que no me encuentro. Estoy asustada, no sé qué pasó, no entiendo.! Tengo todas estas preguntas y no sé qué hacer con ellas. Esta vez necesito las respuestas.

No sé si me estoy desmoronando o me estoy volviendo a armar, la verdad es que me duele. Me duele todo y me duele mucho. Me duele la cabeza de pensar que esto pasó, me duelen los ojos de limpiarles la tristeza, me duelen los labios que extrañan los tuyos, me duelen las manos que están pasando su peor invierno, me duelen los pasos que de ahora en adelante doy sola, me duele soñar porque ahí todavía estás, me duele despertar porque regreso a tu ausencia, me duele la música, me duele la rutina, me duele el café que sin ti se ha vuelto desabrido, me duele la historia, y también me duele escribir.

Estoy desesperada, aquí sigue amaneciendo y se vuelve a hacer de noche, sin que nadie note que algo cambió. Pasó algo importante y el mundo sigue su curso. Nadie entiende esta derrota y nadie entiende esta pérdida. Todos van tan rápido y yo me muevo tan lento, como queriendo evitar que te lleve el viento.

Te voy a hablar desde el corazón porque ni siquiera estoy enojada. ¡No me entiendo! Quiero encontrar en la rabia los motivos para irme y la verdad es que no pasa nada. Sólo te extraño mucho.

Estoy en la sala, como siempre, con los dedos fríos y el cabello suelto. Tengo al lado la mochila lista para sacar los audífonos y escucharte sin hacer mucho ruido.

¡Tengo tanto miedo! No quiero llegar a la soledad de esta casa, al silencio de sus paredes. No quiero regresar al hogar porque estoy sola. Ya no hay pláticas hasta la madrugada, ni planes que nos emocionen. Ya no hay historias de lo que pasó en el día, ya no hay risas.

¿Qué voy a hacer con el paso de los días? ¿A quién le doy mis alegrías? ¿A quién le comparto mis penas? ¿A dónde corro cuando esté muy triste?

No quiero hablar con nadie, no quiero escuchar que soy fuerte, no quiero que me pidan ser valiente, porque por primera vez quiero darme la oportunidad de llorar hasta que sane, de dejar pasar los días y reusarme a tu partida. No quiero que me pidan que no esté triste, no estoy triste para ellos, estoy triste por ti y por mí. Necesito llorar y esperar a que algo nos cure.

Esta carta no tiene pies ni cabeza, leela por donde termina o leela por donde empieza. Es como nuestra historia y quizá tampoco la debí escribir.

Como sea sólo vine a escribirle a tu recuerdo, que estas alturas es lo único que poseo. Vine a pedir que triunfes mucho y que realices esos planes, que cumplan nuestros sueños, que sigas siendo risueño. Vine a pedirle al viento que te lleve todos los cuentos, que te diga lo que siento y que no quiero dejarte ir.

Vine a escribirle a tu recuerdo, vine a volver al corazón.

Escrito por Oscar Santoyo

Comunicólogo, 26 años, Sports Marketing, Lifestyle, Blogger, amo la Música, las Relaciones Públicas y el Teatro Musical.

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