Por: @Karen_Aniceto

Las canciones que cuentan nuestra historia tal cual fue están ahí para recordarnos que no estamos solos… que en algún lugar hay otra alma sintiendo lo mismo. Me gusta pensar que estamos conectados por esas melodías, que son las que nos dan otro soplo de vida… Carla Morrison me dio otro aliento con “Vez primera”.
Lo que no tiene una segunda oportunidad es todo lo que viví contigo.

Hoy he recordado muchas cosas, en casi todas estás ahí… incluso ahora que ya no estás sé que este vacío lleva tu nombre.

No frunzas el ceño, yo sé que ya lo hablamos. No hace falta que me recuerdes que ya me pediste superarlo… que me detallaste cómo tú sí avanzaste, que todo pasa. Que ya fuimos.

No, no hacía falta que me pidieras permiso para iniciar otra historia… Que total el corazón tampoco pide autorización para latir… pero no por eso duele menos. Lo cierto es que desde tu partida yo nunca volví a ser la misma. No sé si algo o te llevaste o si algo dejaste, pero hay una notable diferencia entre las fotos que me tomé cuando estuve contigo y las que me tomo ahora. Hay una madurez extraña en la sonrisa y una mueca que no entiendo, hay algo en la mirada que delata que algo pasó. Soy otra, no soy tu misma primeriza.

Hay muchas cosas que siguen igual, sigo teniendo la misma almohada sin la que me rehúso a dormir, sigo sin pintarme las uñas de rojo porque a ti no te gustaba, sigo yendo a los mismos bares, sigo tomando fotos, ya ves que sigo escribiendo… la cama que nos vio sonreírnos en la mañana también es la misma… incluso sigo teniendo la cajita de los daños, ésa donde metí todas las primeras cosas que viví contigo.

Está mi primer mochilazo y el primer beso que no quería que se acabara. Está la foto de mi primer gran amor, con su corbata y sus calcetas, está la carta que me escribió y nuestros boletos de camión… hay unas cuantas monedas y unas piedras de río. Tengo un rayito del sol con el que te tomé fotos dormido, está el libro de mandalas. Están las fotos en las que me veo tan feliz que casi adivino que ignoraba algo. Está guardado el pudor que olvidé que tenía contigo, está el calor de unas manos que alguna vez no me vieron los defectos en el cuerpo sino las heridas del alma… también está la escuela que me dejaste, porque de ti solo recibí lecciones. Aprendí cómo duelen las mentiras, aprendí a qué sabe un beso cuando dices adiós, aprendí a perdonar para avanzar, aprendí que querías irte pero hacía mucho que no estabas. Aprendí que amar mucho un día duele mucho… aprendí que amar más de la cuenta no siempre es la mejor inversión… y también supe que las grandes lecciones llegan cuando no las quieres, porque solo algo que duele tanto te enseña tanto.

Ahora sé lo que duele una foto nueva, una en la que no estoy. Pero la lección más grande siempre será quererme a mí misma siempre y sobre todas las cosas… porque aun cuando tú te fuiste, cuando los amigos se fueron… yo seguía ahí para mí.

Al amarte a ti por vez primera entendí que sólo amamos así una vez en la vida y que alcanzamos un límite de sensaciones indescriptible… y aunque vuelva a amar, aunque sienta la pasión que a los dos nos faltaba… nunca volveré a amar igual, porque ese límite de amor que desbordé contigo, se clausuró contigo.

Fuiste la sobredosis de una droga que no repetiré jamás.

Escrito por Oscar Santoyo

Comunicólogo, 26 años, Sports Marketing, Lifestyle, Blogger, amo la Música, las Relaciones Públicas y el Teatro Musical.

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